5.1.13

¿Y tú?

- Buenos días. 

(El pequeño monstruo de barro respira muy fuerte. Se escucha desde fuera de su guarida, tal vez desde más allá de las montañas que lo alejan del todo. Respira en dos tiempos. Primero coge aire, haciendo que el suelo más firme y pedregoso parezca la percusión de un viejo blues. Despacio. Como si en sus pequeños pulmones de pequeño monstruo de barro cupiera todo el aire que nadie quiere. Luego suelta el aire, claro, en realidad para poco lo quiere dentro salvo para matar el hastío de no respirar. Lo suelta, pues, y hasta la última hoja del último álamo se vuelve temblorosa bajo el vendaval que se forma. Un vendaval, aunque sólo respire. Oh, pobre hojas de álamos, qué sería de ellas si el pequeño monstruo de barro hablara. Pero no, no lo hace. Sólo respira, muy fuerte. Tanto que parece dormido. De hecho, creo que está dormido porque sus párpados de arcilla se ciernen sobre esos ojos pequeños y redondos con los que observa el pasar de los días desde su guarida cuando no está durmiendo. A veces asoma el hocico, y olisquea el aire, un poquito. Pero al parecer no le gusta mucho, porque siempre suele refugiarse en el fondo de su caverna tras hacerlo. Y entonces se balancea, y entonces su mecer es como un vals descompasado. Y entonces recuerda por qué está mejor dentro, por qué debe dedicarse únicamente a dormir. Y a respirar. Y a ser un pequeño monstruo de barro.)

- Buenos días. 




No hay comentarios:

Publicar un comentario