Mostrando entradas con la etiqueta Llévame a Júpiter.. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Llévame a Júpiter.. Mostrar todas las entradas

16.12.12

Wio.



Existen noches en las que la ciudad es demasiado fría. Demasiado grande, demasiado silenciosa. Ajena. 
Hay noches que por más que lo intente estás aparte del resto de transeúntes  noches en los que no hay nada que puedes hacer para que tus pies no hagan ese ruido atroz contra el suelo.

A veces los adoquines se vuelven mucho más duros y tus pies mucho más pesados. 
De esas noches en las que resulta imposible mimetizarse contra las paredes por muchos golpes que les des.
Cuando eres más consciente que nunca de que tus amigos se han convertido en tus conocidos. 
Cuando si te pudieras sentir de alguna forma que no fuera completamente perdida, sería completamente sola.


Wio, mi cabeza es un lugar inhóspito y al final te marcharás. 


Existen noches en las que la imagen del espejo es insoportable. En las que eres consciente cada segundo de la eterna hora muerta en la que vives de que eres completamente incapaz. En la que tu mayor aspiración es poder pasar desapercibida, para que nadie más sea consciente de ello. Para, por incapaz. no perder a las personas importantes. Las pocas que quedan. 

(Que nadie sepa que esta noche te duele.)

Wio, ¿a dónde iremos cuando no quede un sitio en el mundo sin ese caos de colores que lo pudre todo?











25.9.12

Encontrarte hacia arriba.
Sentirte hacia arriba.
Siempre hacia arriba, a donde mueren los Álamos.




18.10.11

Por los anillos de Júpiter.


No sé si alguna vez te he dicho, Edgar, que Júpiter es mi planeta favorito. No, seguro que no te lo he dicho... pero sí. Júpiter es genial. Está lo suficientemente lejos del sol como para que haga un frío en el que absolutamente todo se hiela. Literalmente. Además, aunque no mucha gente lo sabe, Júpiter tiene anillos. Todo el mundo habla de Saturno y sus anillos pero a mí no me interesan demasiado. Prefiero los anillos de Júpiter. Están ahí, como en silencio. Como quietos. Sin hacer ruido, sin destacar. Su mayor anillo es el más imperceptible. ¿No es increíble? Aparte del frío y los anillos está la palabra en sí. Júpiter. Con "j", que es un fonema genial. Y esdrújula, con tilde automática. Cuando la gente piensa en Júpiter le establece mentalmente, casi sin saberlo, la tilde. Aunque sea mucho más que eso. Mucho, muchísimo más. Su nombre también se refiere al más grande de los Dioses Griegos. Qué gracia ¿no, Edgar? El más grande, el más sabio... pero frío y silencioso. Cómo no.

Siempre que pienso en que quiero largarme de aquí pienso en Júpiter, Edgar. Con frío y anillos tenues y tildes y Dioses griegos. Me siento un poco Júpiter a veces, Edgar. A millones de kilómetros del sol. Plegada de anillos que me pesan y que nadie sabe ver. Quiero irme, Edgar. Quiero irme a Júpiter, a hacer (por fin) ángeles en el hielo de su superficie.

Odio estar aquí. Odio respirar este aire de mierda. Aunque sea invierno. Odio el murmullo general del mundo. Y este dolor de cabeza, también lo odio. Odio el olor a castañas. Odio tener la mente en la muerte, en el olvido. Odio estar rodeada de gente, odio no poder acurrucarme en mi cama para siempre. Para siempre.

Odio no estar en Júpiter, Edgar.

Ven. Y llévame.