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6.7.13

Lo cierto es que...


... yo solo soy una persona. 


A veces me gustaría ser esa persona, pero lo cierto es que solo soy una.
















25.6.13

Acordeón.

Tengo los pulmones viejos y arrugados. El aire pasa por ellos como una tormenta de arena.
Siento los fragmentos minúsculos de roca golpearlos con fuerza. Me pregunto cómo consiguen ser tan roca y tan poco fragmentos minúsculos.
Tengo los pulmones viejos y arrugados. Crujen y se retuercen y me piden humo y yo les hablo de lo genial de la palabra insuflar, pero no es suficiente.
Nunca lo es.





19.5.13

No es tan fácil...

...porque, nena, para hablar de amor hay que hablar también de lo que nos rompe. Hay que hablar de los nombres que nos vamos prohibiendo con el paso del tiempo y de los meses que se atraviesan sin pensar entre la garganta y el bazo (y que encima tienen la religiosa desfachatez de estar de vuelta al año siguiente). Tendríamos que nombrar los consejos desoídos y las decisiones erróneas a ratos tomadas por la libido y a veces no tomadas en absoluto. Ni un poco. Bueno, quizás un poco sí. Habría que explicar las noches de sólo olerse de reojo con la vista más allá del techo de la silenciosa habitación y de las palabras exactas puestas en el orden preciso para hacerlas incisivas, imborrables.

Para hablar de amor, nena, primero tendríamos que decir que nos hemos hecho más daño del que nadie podrá subsanar jamás. Que ya hemos perdido la aguja escarlata con la que nos cerrábamos las heridas la una a la otra, y que nos quedamos sin oxígeno para el agua desde antes de que te comiera por primera vez. Siendo honestas deberíamos contar todo lo que hemos dejado por el camino hasta llegar al amor, aunque nos quedáramos sin dedos antes de salir de casa.Y así podríamos hablar de las que nunca supimos desprendernos y de su gravedad (esa tan propia de las cosas en las que no se piensa) que hace que me hunda un poco siempre de más en los zapatos.

Sólo entonces, nena, podremos empezar a hablar de amor y si hay suerte no dejar de hablar ni un poco. Bueno... Quizás un poco sí.



(Te rompí con esmero durante mucho tiempo, con el esmero necesario para que en tus rotos encajara sin más lo que tú habías hecho conmigo.)





23.2.13

Frío.



Y quizá sonreír un poco y pensar que podemos salvarnos si hace frío y estás cerca. 
Más cerca, claro. Más cerca siempre. 

14.2.13

Mental.

Me morderé los labios hasta que queden sellados con cera roja. 
Me abrazaría las rodillas, quizá.
Voy a callarme para siempre, es lo más justo. 
Y el silencio en el fondo es divertido, siempre devuelve el eco.
Quizá esté un poco "mental" ya. Mental. Mental. Me gusta cómo suena.
Me duele el pecho. 
Me duelen los ojos.
Me duele el hombro.
La cera roja no duele. Me hará impune al paso del tiempo. 
Respirar es sencillo, sólo se trata de seguir aquí. 
Mi cabeza es pequeña, siempre tropiezo con sus paredes.
Mental.
Mental.
Mental. 


Ve.


14.1.13

A la 1 de la mañana no, que es un número muy feo.

Llega despacio porque es de noche y porque llevo demasiado tiempo sin escuchar música. Porque es de noche despacio. Porque llevo demasiado tiempo sin escuchar música llega. Todo apesta a fracaso. Hasta estas letras. No me atrevo a poner la música, pese a que tengo el disco idóneo. Estoy cansada de ser yo todo el rato martilleando en mi cabeza. He roto martillos y cabezas y yos, pero ahí sigo. Cansada. Exhausta. Anciana. No quiero manchar también la música con eso.
Me llamo como mi abuela, que sí es anciana, pero tengo veintiún años recién cumplidos. Tengo además una cicatriz en la mejilla, desde los tres años. También tengo un resfriado desde hace meses que vino con la llegada del frío. Cada día es más duro poder calentar los pies, las manos. Los labios.
Hace algún tiempo algo se rompió en mi cabeza. Mi psicóloga dice que he ido formando un colchón bajo mis pies con todo lo que he heredado, con todo lo que he aprendido, con mi autoconcepto, con mi personalidad, con mis miedos, con mis vivencias absolutas. Dice que el colchón es pegajoso, que no me puedo librar de él así como así. Creo que quiere que lo queme, pero todos las cerillas se han mojado de tanto mearme encima. Soeces. Eso sienta bien.
Estoy harta de llamarme como mi abuela, de tener veintiún años y de la cicatriz. Oh, y del resfriado. Me gustaría poder ser incorpórea y mirarme desde fuera y luego olvidarme para siempre. Flotar y divertirme mirando como son las vidas de los que son felices y cuidar a los que me importan, vigilante. Incorpórea... sería placer absoluto.
Nada de esto tiene sentido, me olvidé hace tiempo de cómo se escribía. De cómo se hablaba. De cómo se pensaba en otra cosa que no fuera el caos. Me aburro a mí misma. Y a los demás. Es mejor estar callada que espantarlos. Además, pocos me interesan. Pocos quedan.
Mi novia queda, claro. Está en mi cama, esperándome dormida, pero estoy harta de que tenga que consolarme, de no poder dejar que me ayude. Sería fácil. Entraría en el fracaso, y soplaría. Y valiéndose de unos cuantos tacos de postits y de instrucciones claras lo pondría todo en orden y yo no volvería a fallar. Es maravillosa. Pero no puedo dejar que esté por aquí, el olor a fracaso es insoportable. Sé que no se iría porque me quiere, con locura, pero no puedo dejarla entrar porque yo sí que me iría.
Cuanto más inconexo es todo esto más me calma. Caos, que saco fuera de mí. Caos, que ya no está dentro. Al fin y al cabo, el caos puede ser una palabra muy descriptiva. Ojalá, en ese contexto, montañas enteras de caos. No en mi cabeza, ni en el escritorio de mi habitación. Me saca de quicio. No puedo estudiar así.
No puedo estudiar desde hace más de un año y no sé si podré hacerlo. No sé si tendré que dejar todo esto. Si podré hacer alguna vez algo que no sea fracasar.
La casa está en silencio. Todos duermen y yo tecleo porque quiero que se pase antes de ir a la cama. Porque mi novia se merece una noche tranquila. Y yo me merezco dormir, aunque sólo sea por mi pertenencia a la raza humana. Mi cabeza va a toda velocidad. Mi madre dice que estoy pálida. Mi horóscopo dice mentiras. Mis amigos no dicen nada. No saben nada. Es lo mejor. ¿El vencedor está solo?





Ojalá al escribirlo quedara aquí y no en mi cabeza, porque lo odio. Es lo más sincero que he escrito en meses. Y da arcadas.

16.12.12

Wio.



Existen noches en las que la ciudad es demasiado fría. Demasiado grande, demasiado silenciosa. Ajena. 
Hay noches que por más que lo intente estás aparte del resto de transeúntes  noches en los que no hay nada que puedes hacer para que tus pies no hagan ese ruido atroz contra el suelo.

A veces los adoquines se vuelven mucho más duros y tus pies mucho más pesados. 
De esas noches en las que resulta imposible mimetizarse contra las paredes por muchos golpes que les des.
Cuando eres más consciente que nunca de que tus amigos se han convertido en tus conocidos. 
Cuando si te pudieras sentir de alguna forma que no fuera completamente perdida, sería completamente sola.


Wio, mi cabeza es un lugar inhóspito y al final te marcharás. 


Existen noches en las que la imagen del espejo es insoportable. En las que eres consciente cada segundo de la eterna hora muerta en la que vives de que eres completamente incapaz. En la que tu mayor aspiración es poder pasar desapercibida, para que nadie más sea consciente de ello. Para, por incapaz. no perder a las personas importantes. Las pocas que quedan. 

(Que nadie sepa que esta noche te duele.)

Wio, ¿a dónde iremos cuando no quede un sitio en el mundo sin ese caos de colores que lo pudre todo?











16.10.12

[Ella & Ella &] Él

Puede que nunca vuelvas. Puede que esta sea la realidad y lo otro apenas un buen momento. Y que esquives mis labios para siempre, que tu cabeza siga llena y yo no encuentre la salida. Que el estómago no deje de dolerme, que jamás consiga librarme de esa sensación de que algo debería pasar a través de mi garganta. . Y que realmente me haya vuelto invisible, y que esa sea la razón por la que no eres capaz de verme aquí, ahora, esta semana, este mes... Puede ser que mi cabeza no vuelva a ir bien o que todo esto no tenga al final más importancia.
Pero qué miedo.
¿Escuchas todo ese silencio?
No hay manera de taparlo, por mucho que no grite.








20.8.12

"Y es que aún falta un poco, aún hay que empeñecer un poco más. Es posible que resulte cansado y que quieras abandonar a medio camino pero es importante que permanezcas firme. Cuando llegue el momento, cuando te odies lo suficiente, lo sabrás."









24.7.12

.

Lo odio. 
Me hace sentir pequeña, e indefensa. Una niña que no sabe jugar a la vida y que va por ahí tropezando sin nadie a quien mirar.
Lo odio porque me duele. Me rasga por dentro y por mucho que no intente pensar en ello sigue siendo ese zumbido, esa mota de polvo en el fondo de la imagen, ese instrumento desafinado que se me cuela entre el sonido del mundo.
Lo odio porque no lo comprendo. Y porque lo entiendo. Lo entiendo tan bien que sé cuándo empieza y cuándo acaba. Sé las palabras mágicas que hay que evitar, sé bien los gestos que hay que guardar en el bolsillo del pantalón. Pero no llego a comprenderlo. Jamás podría sucederme algo así. Jamás... 
Esa empatía natural de la que me jacto cuando la ocasión se presta para ello choca de lleno con un muro de cristal demasiado frío hasta para mí. Y me deja sentada, sin llegar a comprender nunca como volver atrás.
Lo odio porque es innecesario. Porque me derrumba. Porque me devuelve a aquellos días, aquellos días de mierda y cuchara. 
Lo odio porque no sé ya en qué piedra tropezar para que me guíe el resto de tropiezos de regreso a casa.

21.7.12

"Espera un momento, ...

... quiero contarte que me calmas. Antes de que hables, es necesario decírtelo para que entiendas por que te busco y te miro así. Me das paz, tranquilidad. Me subo al coche y esa media sonrisa adormilada que ofreces a todas horas me hace sentir como en casa. Te pones las gafas de sol violetas y las detesto con todas mis fuerzas, pero ese gesto de echarte el pelo hacia atrás probablemente me roba el aliento. Pero sobretodo es tu voz. Ese tono pausado, calmado y a mil años luz de mí que hace balancearme sobre las puntillas con una sonrisa colgada de los labios. Tu voz, sin duda. Es que me calmas. Me calmas, me calmas tanto... Es como si supiera que hay demasiado detrás de tu tono de voz tenue como para pensar en lo que hay tras mis silencios. Porque también me intrigas, sí. Y tenía que decírtelo. Debía decírtelo. Y ahora arranca de una vez el coche y falla intentando poner la música que me gusta, pero no me digas nada. Déjame hablar a mí. Déjame contarte que eres mi paz... Y luego ya hagamos como si no nos miráramos a media luz"

27.6.12

De silencios.







Nunca he hablado de esto con nadie. No puedo. No sé. ¿De qué serviría? Nadie va a arreglarlo. Nadie puede recomponer vidas. Nadie... Ni si quiera contigo. Sobretodo contigo. 


Nunca he hablado de esto con nadie, pero eso no quiere decir que se haya marchado. No. Ni un sólo segundo se ha ido. Sigue aquí clavado desde el día en que desperté. Y sé que la manera en la que el mundo cayó sobre mí me ha roto. Tengo veinte años y ya me he acostumbrado a vivir rota. Jamás podré ser una chica normal con rarezas. Lo sé de buena tinta.


Mi mente, que a veces piensa más en mí que yo misma, suele evitar el tema. Sale por otros derroteros.Imagina haber vivido en un mundo en el que nada de eso fuese la realidad y llega a creérselo.
Pero esta noche es muy cruda y no puedo olvidar todas mis pequeñas muertes puestas una tras otra.


Nunca he habado de esto con nadie.
Y probablemente el día que lo haga me hunda, sin retorno.
Esta vez ni tú podrás revivirme.