25.9.12

Encontrarte hacia arriba.
Sentirte hacia arriba.
Siempre hacia arriba, a donde mueren los Álamos.




21.9.12

Tranquilo, Edgar.
Me siento lo suficientemente mal como para continuar con mi completa autodestrucción.
Llegaré con esto hasta el final, ¿no me ves?
Aunque no tenga ninguna prisa.




15.9.12

Feb.

Diría que se trataba de una tarde de Febrero.
Ella susurró una despedida al tiempo que se subía al tren, cargando su bolso con cuidado.
Una despedida mustia, escueta, casi fría. Tenía demasiado dolor en las pupilas para poder expresarlo también con palabras. 
Y porque, siendo fiel a la verdad, las grandes despedidas siempre se resumen en palabras insuficientes.
Y porque, siendo fiel a la raza humana, pensó que si quedaban cosas por decir algún día tendría la oportunidad de hacerlo. Aunque no fuese así, de ninguna manera...
El susurró chocó en el techo de la estación, y se expandió por la superficie como si se tratara del vaho de un invierno devastador. Pequeñas gotitas de su ya de por sí pequeña voz quedaron suspendidas del cielo de metal que se extendía sobre ellos. 
Qué contrariedad, el día más triste de aquel año indigesto y no habrían podido mirar a las nubes.
No fue extraño, entonces, que cuando él abandonó la estación (cuando del tren que se la había llevado no quedaba ya ni el recuerdo de haber partido) algunas de esas gotitas cayeran sobre sus hombros. Corroían, como ácido, colándose entre las capas de su ropa, de su piel, de sus entrañas. Tanto que nunca más las gotas de aquellas palabras insuficientes lo dejarían.
No fue extraño, entonces, que el silencio de la garganta de ella encallara allí, como una barcaza de juguete en una bañera vacía. No fue extraño que anidara allí, que ella perdiera las palabras con el murmullo hipnótico del andar del tren y que nunca más volviera a encontrarlas.


No habían sido amantes, y muchísimo menos amigos, pero ambos sabían que sus vidas estaban en su punto álgido en esos minutos de pasos resonantes hacia la despedida. 
Porque podrían haber sido amantes. Oh, sí. Y podrían haber sido amigos. 
Pero ella cargó su bolso con cuidado, susurrando una despedida al tiempo que se subía al tren y él marchó pensando en cada una de las veces que no la había besado, en cada una de las veces que nunca la haría el amor.
Pensando sin más que tal vez algún día podría escuchar todo eso que ella no le había dicho aquella tarde de Febrero.

Aunque al final no fuera así.... De ninguna manera.