27.3.13

Hagamos un trato.

Pongamos que esto sólo es tristeza, ¿de acuerdo? Pongamos que sólo es un mal día encabezado por este momento y que sólo soy una víctima de él. Pongamos que pasará. Que mañana no me sentiré vacía en cualquier momento de silencio y que no me hundiré en el pánico a consciencia para intentar curarme. Que mi cabeza será un sitio tranquilo, que no me hablaré a gritos, que no dejaré de desconocerme en cada decisión. Pongamos que son 24 horas. El miércoles tiene la culpa.

Pongamos que esto sólo es tristeza, ¿de acuerdo? Pongamos que sólo es una mala semana encabezada por este día y que sólo soy una víctima de ella. Que me sienta fatal estar en casa y todo eso de los gritos. Que me siento encerrada de nuevo pero que me espanta pensar en salir. Que se trata simplemente de no haber bajado el equipaje adecuado, de estar durmiendo en la misma cama de siempre. Pongamos que ese sentimiento de no avanzar es sólo mi hogar. Pongamos que son siete días. La semana santa tiene la culpa.

Pongamos que esto sólo es tristeza, ¿de acuerdo? Pongamos que sólo es un mal mes encabezado por esta semana y que sólo soy una víctima de él.  Echémosle la culpa a marzo, que siempre ha sido un hijo de perra. Hablemos del cambio de tiempo, de los estornudos. Del calor agobiante en cuanto bajas la guardia, de la cercanía de los exámenes ajenos a mi absoluta incapacidad. Pongamos que son cuatro semanas. Marzo tiene la culpa.

Pongamos que esto sólo es tristeza, ¿de acuerdo? Pongamos que sólo es un mal año encabezado por este mes y que sólo soy una víctima de él. Que es eso de repetir curso como si fuera imbécil cuando otros más imbéciles pasan sin problemas. Que es eso de que mamá se recuperara de la enfermedad hace nada. Que el ritmo de este curso es brutal, que las asignaturas son aburridas, que llevar meses yendo al psicólogo sin resultados me ha hecho polvo. Pongamos que son doce meses. El 2013 tiene la culpa.

Pongamos que esto sólo es tristeza, ¿de acuerdo? Pongamos que sólo es un mal lustro encabezado por este año y que sólo soy una víctima de él. Que todo viene de atrás y que tiene que parar de un momento a otro. Que me rompieron el corazón hasta los diecisiete. Que hice gilipolleces a los dieciocho. Que me lancé al vacío a los diecinueve. Que a los veinte ya estaba enferma. Que es una época muy mala y les pasa a todos. Pongamos que son cinco años... Mi edad tiene la culpa.


Y ahora pongamos que no estoy mintiendo, ¿de acuerdo? Que el problema no está en que esté perdiendo la cordura. Que no es que la realidad me sea cada vez más y más ajena. Que no soy una fracasada.



Y firmemos. Firmemos, por favor. Hasta atravesar el papel a base de escribir nuestros nombres, Edgar.



18.3.13

Marzo de...

... pensar en ti y en John Deacon (el mejor bajista de todos los tiempos) y quizá masturbarme o liarme un cigarro antes de ser consciente de nuevo de que la resiliencia se me resiste.